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La rápida reacción de las empresas pesqueras
con intereses gallegos asentadas en Argentina hizo que el
gobernador se pensase dos veces la conveniencia de aplicar
un canon por tonelada de pescado capturado a las industrias
que operan en la región.
Fuentes del sector aseguran que el Ejecutivo provincial «malinterpretó»
la oferta de las casas armadoras de contribuir a paliar la
grave crisis por la que atraviesa el país. El colectivo
empresarial se ofreció a facilitar medicinas para los
hospitales, material escolar para los colegios, compra de
alimentos y realizar otras aportaciones similares. Pero la
respuesta del gobernador de Chubut, «mal asesorado»,
fue la de «redactar un decreto ¿que finalmente
no fue firmado¿, mediante el que se imponía
a las sociedades un canon extraordinario sobre los permisos
de pesca para crear un fondo solidario», señala
uno de los empresarios afectados.
Impuesto revolucionario
A juicio de los industriales, ese «impuesto revolucionario»
pondría en peligro las inversiones de las empresas:
«No creo que se llegase al punto de tener que abandonar
el país, pero sí correrían serio riesgo
nuestros proyectos de inversión y se frenarían
otros intentos de asentarse en la región y generar
riqueza», apunta un miembro de la Cámara Argentina
Patagónica de Industrias Pesqueras (Capip), en la que
están agrupadas varias firmas con intereses gallegos.
Los empresarios ya pagan un impuesto por la licencia de pesca,
que ronda los 25.000 dólares al año (18.045
euros), a lo que hay que sumar las tasas que pagan por barco,
160.000 dólares anuales (más de 115.000 euros).
El Gobierno de Chubut parte de la base de que el sector pesquero
es lo suficientemente fuerte como para hacer frente a un nuevo
impuesto. Su actividad es rentable y, además, la pesificación
de la economía ha reducido considerablemente sus costes
y favorecido la exportación de productos.
Vía judicial
Las empresas gallego-argentinas no aceptaron este razonamiento
y anunciaron que estaban dispuestos a actuar por la vía
judicial si, finalmente, se aprobaba el decreto de Chubut.
Esa norma fue aprobada por dos tercios del poder legislativo
de Chubut, pero el gobernador, en el último extremo,
decidió vetarla en lugar de ejecutarla. A cambio de
la retirada de la norma, los industriales acordaron adelantar
el pago por los derechos de pesca correspondientes a próximos
años y otras ayudas solidarias.
Por el momento, los empresarios respiran aliviados, pero tal
y como está el panorama político, «no
sería nada extraño que mañana volviesen
a intentarlo».
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